Detención y primera declaración oficial de Miguel Ricart Tárrega

Primera declaración oficial de Miguel Ricart

(28 de enero de 1993, 23,55 h-29 de enero de 1993, 01,55 h; sumario, folios 88-95)

Como dijimos anteriormente (ver: primera manifestación de Miguel Ricart), mientras la Guardia Civil estaba registrando el domicilio de los Anglés de la calle Camí Real de Catarroja, apareció Miguel Ricart entre las 7 y las 8 de la tarde. Desde ahí fue llevado al cuartel de la 311 Comandancia, en Patraix, y a las 0,50 h del 28 de enero hizo una manifestación voluntaria (sumario, folios 80-82). Pero antes de tratar a fondo la primera declaración tenemos que referirnos previamente a la detención y lectura de derechos de Miguel Ricart.

Detención de Miguel Ricart

A las 05,40 h del día 28, Miguel Ricart fue detenido por Pablo Pizarro Plaza, sargento primero de la 311 Comandancia e instructor. Habían pasado solo 5 horas desde que hizo su manifestación voluntaria como testigo (0,50h, 28 de enero). Pablo Pizarro Plaza procedió a leerle sus derechos. Hasta ese momento Ricart no estaba oficialmente detenido.

En palabras del mismo Pizarro Plaza:

“le llevan a Miguel Ricart, que no va en calidad de detenido sino como testigo, y lo detuvo él personalmente horas después. Que detuvo a Ricart, por sus contradicciones en su declaración testifical respecto a que estaba en la cárcel y lo hace personalmente, y sobre sus conocimientos de Antonio Anglés y por el coche, que era de esas características” [37ª sesión del juicio oral, con motivo de la exhibición del folio 54].

Lo primero que llama la atención de la detención y lectura de derechos es el orden que ocupa en el sumario: se encuentra en el folio 62. La manifestación voluntaria de Ricart, que se hizo 5 horas antes que la lectura de derechos, aparece en los folios 80-82. El orden natural sería que esta lectura de derechos estuviera junto con la primera declaración como detenido (que no aparece hasta los folios 88-95), un hecho que llamó la atención de López-Almansa y así lo manifestó en el juicio oral.

El orden real de los acontecimientos del día 28 de enero de 1993 es el siguiente:

-00,40h: Intervención del Opel Corsa blanco (folio 63).
-00,50h: Declaración voluntaria de Miguel Ricart (no está aún detenido como acusado) (folios 80-82).
-03,00h: Diligencias en el centro penitenciario para comprobar si Miguel Ricart estaba preso el día de los actos (folio 75).
-05,40h: Detención y lectura de derechos de Miguel Ricart Tárrega (folio 62).
-05,45h: Transcripción de la llamada telefónica, que consideran que tiene indicios suficientes para deducir que Ricart “ha tenido participación, al menos de forma indirecta como encubridor, cómplice o de otro grado de participación” (folio 84).
-23,00h: diligencia de aviso a la letrada Ana Beut Dato (folio 86).
-23,45h: diligencia de presentación de la letrada Ana Beut Dato (folio 87).
-23,55h: Primera declaración como acusado de Miguel Ricart (folios 88-95).

Por tanto, este es el orden que tienen y el que deberían tener los documentos:

-Folios: 62. Detención y lectura de derechos de Miguel Ricart Tárrega. Fecha: 28 de enero de 1993. 05,40h. Orden en el sumario: 1. Orden que debería ocupar: 2.
-Folios: 80-82. Manifestación voluntaria de Miguel Ricart Tárrega. Fecha: 28 de enero de 1993. 00,50h. Orden en el sumario: 2. Orden que debería ocupar: 1.
-Folios: 88-95. Primera declaración como detenido de Miguel Ricart Tárrega. Fecha: 28 de enero de 1993. 23,55h. Orden en el sumario: 3. Orden que debería ocupar: 3.

 

¿Por qué se detiene a Miguel Ricart?

Pablo Pizarro Plaza afirma que procede a detener a Ricart por:

1) Su conocimiento sobre Antonio Anglés.
2) Por sus contradicciones respeto a que estaba en la cárcel.
3) Su coche tenía las características descritas por Dolores Badal Soria.

 Es cierto que el coche era un coche blanco pequeño, tal como afirmó en su testimonio Dolores Badal Soria, pero según la señora Badal (folio 660), “el turismo donde subieron es de color blanco de cuatro puertas, más bien pequeño, desconociendo la marca y matrícula. Estando el mismo bien conservado”, detalle que tenía claro, pues el coche blanco “detuvo la marcha al llegar donde se hallaban las tres jóvenes abriendo la puerta posterior sin bajarse ninguno de los ocupantes”. Por tanto, el testimonio de la señora Badal solo era creíble si había empeño en creérselo, dado que el Opel Corsa blanco era de dos puertas. Posteriormente, en el juicio, su testimonio fue desechado.

Otro detalle que llama la atención es que la intervención del Opel Corsa blanco (folio 63) por parte de la policía se produjo a las 00,40h del día 28, es decir, 10 minutos antes de la primera declaración voluntaria de Miguel Ricart y de que hablara de “su” vehículo.

Pero si estos detalles son curiosos, más lo es aún la historia de la permanencia en prisión durante el mes de noviembre: según Santiago Ibáñez Gómez, capitán de la 311 Comandancia de la Guardia Civil (juicio oral, 4 de julio de 1997):

“Que después en su declaración se le pregunto el 13 de noviembre dónde había estado, y dijo que estaba ingresado en prisión. Que comprobamos telefónicamente que sí había estado en la prisión, y nos vimos en una situación delicada porque había que dejarlo en libertad”.

Llegados aquí cualquiera habría dado por buenas las explicaciones dadas desde la prisión, pero el instructor, es decir, el sargento primero Pablo Pizarro Plaza, y el capitán de la UCO Francisco Bueno, no cejaron en su empeño profesional, y mandaron a un par de agentes a comprobar esos datos in situ, a la prisión. Continúa con su relato el capitán Santiago Ibáñez Gómez:

 “El instructor y el capitán Bueno de la UCO mandaron dos agentes a la prisión personalmente para que ellos comprobaran los registros, y de esa comprobación se demostró que había estado antes de esa fecha y después, pero el 13 de noviembre no estaba en prisión”.

Gracias al celo profesional de Pizarro Plaza y Francisco Bueno y su insistencia y meticulosidad, dos guardias civiles, sin relación alguna con las instituciones penitenciarias, pudieron comprobar que los funcionarios de prisiones se habían equivocado en un primer momento al comprobar los registros, pese a su experiencia y ser parte de sus funciones. Por lo tanto Miguel Ricart ya no tenía coartada y podían interrogarlo.

 

La lectura de derechos

Puede que el desorden de los documentos se deba a que a simple vista es difícil relacionarlo con la declaración como detenido de Ricart, porque en la lectura de derechos Miguel Ricart marcó claramente las casillas “NO desea declarar” y “NO designa abogado”. Pese a estas negativas, el mismo día a las 23,45 h comparece en la comandancia la letrada Ana Beut Dato, del turno de oficio, para asistir a Miguel Ricart (folio 87). En el sumario no se refleja por qué si marcó que no deseaba declarar y no quería designar abogado finalmente declaró y tuvo un abogado.

lectura-derechos-y-detencion-Miguel-Ricart

Es otra vez Pablo Pizarro Plaza quien intenta dar una explicación durante el juicio oral (sesión 37ª):

“Que lo primero que se le dice es su derecho de no declarar y de declararse culpable, que no solicitó ser reconocido por el médico forense, y que al no designar abogado se le designó de oficio. Que presente el abogado se le volvió a leer sus derechos. [Exhibición del folio 62, sobre las firmas]: la suya, la de Ricart, el secretario y su abogado. Al inicio de su declaración también y siempre lo hace así.”

Y también José Moreno Alegre (Sargento 1º de la Guardia Civil en la 311 Comandancia. Juicio oral, sesión 34, 7 de julio de 1997):

[Exhibición del folio 62 de las actuaciones]: “Que en ese folio figura mi firma. Que ese folio corresponde a la diligencia de detención y lectura de derechos, que aparece mi firma, la de Miguel Ricart, la de Pablo Pizarra Plaza que es el instructor de la diligencia y aparece debajo de la firma de Miguel Ricart una cuarta firma que desconozco, deduzco que puede tratarse del letrado”.

A pesar de las explicaciones de Pablo Pizarro Plaza y José Moreno Alegre, hay varias cosas que demandan una explicación: ¿Dónde está el documento que refleja la nueva lectura de derechos de Miguel Ricart? En el folio 62 está la firma de su abogado, pero ese folio corresponde a la lectura de derechos de las 05,40h del 28 de enero y Ana Beut Dato no llegó a la 311 comandancia hasta las 23,45h de ese día (folios 86-87), de modo que fue firmado con posterioridad a la lectura.

Pablo Pizarro Plaza y José Moreno Alegre intentan explicarlo en el juicio oral:

Pablo Pizarro Plaza: “[Folio 88, examinado] es su primera declaración como detenido y al principio consta la declaración de derechos y presente el letrado firma todos los folios. Que pese a haber dicho no querer declarar se llama al letrado, porque aunque se encuentre dentro del plazo se avisa al abogado y se reiteran sus derechos y entonces sí quiere declarar. Le preguntó qué hizo la tarde del 13 de noviembre y que estuvo con Anglés en Picassent […]”

José Moreno Alegre: “[Exhibición del folio 88 a 95 –declaración como detenido–. Exhibición del folio 95] “Que ahí figura mi firma, esta es la primera declaración prestada por Miguel Ricart como detenido, así lo considero. Que junto con mi firma está la del instructor y la de Miguel Ricart. Que aparece una cuarta firma, es del letrado, que coincide con la que aparece en el folio 62 de las actuaciones, a simple vista así es. Que la lectura de derechos a Miguel Ricart se realizó delante del letrado que le asistía, es habitual volver a leer los derechos en presencia del letrado. Que así se hace constar en la diligencia. Que en el folio 88, se lee una vez se le notificaron los derechos constitucionales que le asisten. Que cuando Miguel Ricart dijo que no quería declarar y posteriormente cambio su intención de declarar, ese cambio se hizo en presencia de su letrado”.

¿En qué documento se recoge esa nueva lectura de derechos? A pesar de este intento de explicación de Pablo Pizarro Plaza, no existe documento oficial alguno que atestigüe el cambio de opinión de Miguel Ricart. Quizás por eso el documento de lectura de derechos no está en el orden que le corresponde, porque es difícil relacionarlo con la declaración posterior. Por otra parte, ambos parecen dar a entender que la declaración de derechos se hizo y aceptó oralmente, sin documento alguno que lo acredite, supuestamente delante de su abogado, Ana Beut Dato.

José Moreno Alegre: “Que referente al folio 62, esta diligencia es la preceptiva para la información de derechos, para designación de abogado y toma de declaración. Que al folio 88 a 95, aparece una declaración de Miguel Ricart, estuve presente en todas las declaraciones efectuadas por Miguel Ricart, no me hace falta leerlo, menos en la primera testifical. […] Que estuve presente en la declaración. El acta de la lectura de derechos. Que en el momento de tomar declaración, no es preceptivo con la actual que exista, que existe es un razonamiento que dice que en presencia del letrado se le notificaron los derechos constitucionales que le asisten, porque he repetido y he dicho anteriormente que es habitual y de uso corriente, detención lectura de derechos, declaración vuelta a lectura de derechos en presencia del letrado.

Es decir, según razona José Moreno Alegre, una vez hecha y firmada una primera lectura de derechos, no hace falta que las siguientes declaraciones sean escritas y firmadas, sino que se hace de forma oral y es el abogado quien debe velar por los intereses de su defendido y el cumplimiento de la legalidad. Pero en este caso la defensa de Ana Beut Dato duró menos de 23 horas y 45 minutos, puesto que al día siguiente, 29  de enero de 1993, sin que haya mención alguna en el sumario al porqué, es Vicenta Sanchís Ridaura el abogado de oficio llamado por la guardia civil para que asista a Miguel Ricart en su ampliación a esta declaración.

 

Posibilidad de torturas a Miguel Ricart y su declaración

Miguel Ricart afirmó posteriormente en el juicio oral que firmó esta declaración bajo la presión de torturas y malos tratos físicos y psicológicos por parte de la Guardia Civil, y que ni siquiera leyó dicha declaración (juicio oral, 3ª sesión, 14 de mayo, Miguel Ricart):

“Que a las 23.55 horas realicé una declaración, esa declaración fue sacada a la fuerza. Que yo estuve en diciembre en la cárcel, no en noviembre. Que en el cuartel de Patraix, lo único raro, es que no me sacaron cuando yo solicité estar en presencia del señor juez, no me llevaron, todavía no sé por qué. Que se hizo esa declaración a la fuerza, que quede claro también que en ese transcurso de tiempo fui torturado. Que a partir de ahí, hice una declaración el 28 de enero del 93 a las [?] y otra 24 horas más tarde. Que estas dos declaraciones, ayer declaré que todo lo declarado fue pues eso, mediante…, no es que me pegaran delante de la abogada, pero sí que le comuniqué que estaba siendo torturado, no dijo nada. Que antes de declarar no hablé con ella, me sacaron del calabozo y dijo ‘aquí tiene usted una letrada que le representa’ y nada más”.

Más explícito fue aún en la sesión del 13 de mayo de1997:

“[…] A mí me dijeron exactamente lo que figura ahí, sobre todo lo que pasó con esas chicas y lo que se encontró allí.”, “[…] No me leyeron mis derechos ni tenía asesoramiento jurídico ni nada”, “Que a las 5,40 minutos me leyeron mis derechos y dije que yo no sabía nada de esto y que quería comparecer ante el Juez”, “[…] Delante de la abogada no me pegaron pero cuando se fue, leña al mono”, “[…] antes de estar la abogada y después me torturaron”, “[…] lo único que figura ahí de verdad es mi firma”, “[…] en la declaración en la audiencia, ahí estaba usted ya. […] Que estaban también los que me sometieron a torturas… no dije que había estado sometido a tortura porque tenía miedo que le hicieran daño a mi hija”, “Que me dijeron que hiciera lo que ellos me dijesen o que a mi hija le podía suceder lo mismo que a las niñas de Alcácer, eso me lo dijo la guardia Civil”.

Pero el tribunal afirma en la sentencia que no hubo malos tratos ni torturas (Sentencia, Fundamentos de Derecho, Primero, Apartado D), porque:

  • Ricart fue objeto de reconocimiento físico por el profesor Ros y no apareció indicio alguno de tortura.
  • El perfil del acusado: “el perfil del acusado que el Tribunal ha podido constatar por la inmediación durante numerosas sesiones, no nos ofrece una personalidad pusilánime y atolondrada, susceptible de dejarse influenciar con facilidad, más bien todo lo contrario, estamos ante una persona con criterio propio, y con resuelta capacidad de reaccionar, incluso con actitud arrogante, ante lo que no le conviene, circunstancia que permite deducir que si Miguel Ricart hubiera sido objeto de torturas, no habría dejado escapar la oportunidad de denunciarlas”
  • La prueba pericial psiquiátrica practicada a Ricart: no encuentran una secuela psíquica, de lo que se deduce que las coacciones y torturas no existieron.
  • La denuncia de torturas y coacciones se hizo muy tarde, lo que resultó sospechoso para el tribunal.
  • En el juicio oral hubo inconsistencia y contradicciones en el relato de las torturas.

Del punto 1) es destacable que el doctor Ros fuera uno de los médicos participantes en la primera autopsia; dejando de lado la legalidad o no de su doble cometido, a algunos les podría parecer de poco sentido común que fuera uno de los encargados de hacer la autopsia a los cuerpos mutilados y torturados de tres niñas quien tuviera que dictaminar si el único acusado había sufrido torturas en las dependencias de la Guardia Civil.

El razonamiento del punto 2) se basa en el sentido común: es cierto que Miguel Ricart era un delincuente habitual, bregado, con arrestos para cometer atracos a mano armada en un banco y huir de la policía. También es cierto que era un personaje habituado a las situaciones delicadas, sin domicilio fijo, que había pasado largas temporadas a la intemperie y prácticamente en soledad en las zonas de Llombay, Alborache y otras. Es cierto también que era un visitante habitual de la 311 Comandancia de la Guardia Civil, más que acostumbrado a pasar horas en una celda.

Parece que no es poco frecuente que un acusado, tras unas horas a oscuras en un calabozo de la Guardia Civil, en absoluto silencio y con pocas horas de sueño, se derrumbe. Pero según argumenta el tribunal en su sentecia, Ricart no tenía “una personalidad pusilánime y atolondrada, susceptible de dejarse influenciar con facilidad, más bien todo lo contrario, estamos ante una persona con criterio propio, y con resuelta capacidad de reaccionar, incluso con actitud arrogante, ante lo que no le conviene”.

Es por eso que resulta llamativo el cambio en su declaración, más aún que ocurra lo que dijo el sargento José Moreno Alegre:

[Exhibición del folio 62] “Que es una diligencia de lectura de derechos […]. Que recuerdo, porque lo leo, que dijo que no desea declarar, no lo recordaba, porque son hechos la he especificado que ante nuestra actividad, cientos de detenidos al año, con un número de diligencias, asistencia a juicio elevada, es normal y corriente que un detenido no declare, que a las 3 horas dice que quiere declarar, comienza declarar y dice que no le hagan más preguntas que no quiere responder, hay motivaciones psicológicas diferentes. Que más teniendo en cuenta que junto al calabozo de Miguel Ricart estaba Enrique Anglés”.

En opinión del tribunal (sentencia):

 “Se trata de una manifestación de vinculación forzada a los hechos delictivos investigados, de clara naturaleza exculpatoria, efectuada en ambiente de colaboración con los investigadores, en la que se trasladan las responsabilidades a otro, según se desprende de la contestación a la penúltima pregunta, que lejos de suponer una negación de lo antes dicho, como pretende la defensa, debe interpretarse como la consideración de Ricart de que él no es responsable de los hechos relatados por cuanto que su presencia venía forzada por la actuación de su compañero, respuesta que supone explicación a la decisión del acusado de cambiar de opinión y proceder a prestar declaración policial, por cuanto que resulta probable la tesis aportada por la acción popular, que apunta a que la experiencia del acusado por sus antecedentes policiales, relativa al delito de omisión del deber de socorro, le predispuso, después de pensárselo bien, a plantear la estrategia de simular, en tal sentido, su presencia en el escenario de los crímenes”.

Sin ninguna intención de corregir al tribunal, sino solo de aportar más luz, nos planteamos: ¿Cuál fue la causa de que Miguel Ricart decidiera cambiar la línea de su primera declaración y empezar a autoinculparse, aunque fuera como colaborador, del asesinato, tortura y violación de tres adolescentes?

 

¿Por qué dio una versión que podía inculparle  de colaboración en asesinato, violación y rapto?

Más todavía si tenemos en cuenta que a Miguel no le costaba en absoluto mentir delante de las fuerzas de seguridad del Estado, tal como queda demostrado en su primera declaración voluntaria, y que la Guardia Civil no tenía una sola prueba real y directa que lo vinculara con tales hechos delictivos, como reconoció implícitamente el tribunal al basar la sentencia condenatoria en sus propias declaraciones de forma prácticamente exclusiva.

 

La declaración

Como comentamos anteriormente, su abogada (del turno de oficio) el día 28 fue la letrada Ana Beut Dato. Su representación duró menos de 24 horas, pues el 29 de enero a las 23,20 h según consta en el sumario, su abogada en la ampliación de declaración fue Vicenta Sanchís Ridaura (sumario, folios 143-148). Llama la atención que esta misma letrada, ese mismo día 29 de enero, había sido la abogada de Enrique Anglés en su declaración a las 20,15 h.

(Los abogados de Miguel Ricart: https://elcrimendealcasser.wordpress.com/los-abogados-de-miguel-ricart/)

Otro detalle de cierto interés es que en esta primera declaración oficial el automóvil en el que recogen a las niñas es el Seat Ronda azul, algo imposible, ya que según declaración de Miguel Ricart en el juicio oral éste fue adquirido por Antonio Anglés en las navidades de 1992, es decir, más de un mes después de que tuvieran lugar los hechos.

Por otra parte, el Opel Corsa blanco que tantas veces se ha dicho que pertenecía a Miguel Ricart en realidad, según Ricart, era propiedad de Antonio Anglés (3ª sesión del juicio oral), aunque los papeles estaban a nombre de Miguel (algo similar a lo que ocurría con el Seat Ronda, comprado por Antonio pero a nombre de Francisco Partera Zafra). Sin embargo, la mayor parte de los testigos afirmaron haber visto más veces a Miguel con el Opel Corsa que a Antonio, si bien la mayoría de las veces los habían visto juntos.

 

Resumen

Fecha: 28 de enero de 1993, a las 23,55 h, hasta las 01,55 h del día 29 de enero de 1993.
Lugar: UNIDAD ORGÁNICA POLICÍA JUDICIAL, Cuartel de la 311 Comandancia de la Guardia Civil, Valencia.

Ricart cuenta que la tarde del 13 de noviembre de 1992:

-Ricart conducía el Seat Ronda azul de Antonio y llevaba a éste de copiloto, por la carretera de Alcácer a Picassent.
-Recogen a las niñas, que hacían autostop para ir a Coolor. Las tres pasan a la parte trasera.
-Antes [?] de llegar a la discoteca, les preguntan si quieren tomar algo, ellas aceptan, y continúan en dirección a Montroy y Real de Montroy.
-Antes de llegar a Llombay, Antonio pide a Miguel que se desvíe por un camino. Conducen unos 5 km por éste antes de parar el vehículo.
-Hay un croquis dibujado por Miguel Ricart en el que supuestamente aparece el lugar descrito: a mitad de camino entre Catadau y Llombay a la izquierda sale un camino de tierra; circularon unos 15 minutos por este camino, hasta llegar a un campo de algarrobos.

Lugar del crimen
-Antonio y Toñi se bajan del coche; Miguel Ricart dice que Antonio y Toñi mantuvieron una conversación durante el viaje que daba a entender que eran conocidos.
-Miguel se queda con Míriam y Desirée. Poco después Míriam sale del coche y Desirée pasa al asiento del copiloto para hablar con Miguel.
-Miguel y Desirée tienen sexo consentido por vía vaginal.
-Aparece Antonio pidiendo a Desirée que vaya con él, porque su amiga se encuentra mal. Antonio se dispone a acompañarla y Antonio le dice que no hace falta.
-Miguel se queda en el coche. A los 20 minutos oye tres disparos, con pausas de 2 segundos entre cada uno. Desde el punto donde detuvieron el vehículo hasta el lugar donde Antonio efectuó los disparos hay unos 100 metros.
-Antonio vuelve al coche, encañona a Miguel en la sien con una Star 9 mm corto y le dice que si abre la boca le pega un tiro.
-Sobre las 01,00h, Antonio y Miguel se dirigen en el Seat Ronda a una casa en el monte en Llombay [cuando Miguel se refiere a la casa o caseta de Llombay, se refiere a La Romana, aunque en realidad está en el término de Catadau]. Conduce Antonio, ya que Miguel desconoce el lugar. Ahí recogen la moqueta y la colocan en el asiento trasero.
-Vuelven al lugar en el que estaban las chicas. Llegan a las 02,30 h. Recogen los cuerpos de las niñas, las envuelven en la moqueta y las cargan en la parte trasera del coche, abatiendo el asiento trasero.
-Llegan nuevamente a Llombay [La Romana] entre las 03,30 h y las 04,00 h.
-Antonio empieza a cavar una fosa con un pico que tenía en la caseta de Llombay. Miguel dice que la fosa medía 1 metro de ancho X 1,80 m de longitud X 1 m de profundidad.
-Seguidamente arrojan los cuerpos a la fosa, uno encima del otro, y los tapan con tierra. Miguel cree que estaban vestidas, pues él no les quitó ninguna prenda y no sabe si Antonio lo hizo. Antonio las ató.
-Antonio y Miguel se van en el Seat Ronda. Conduce Antonio, lleva a Miguel hasta su casa en Catarroja, y él se marchó después a la caseta de Alborache, en el campo. Antonio amenaza a Miguel para que no hable.

 

Reconocimiento de pruebas de convicción

La moqueta que envolvía los cuerpos: Miguel la reconoce como la que tenía Antonio en La Romana. Posteriormente, en el juicio oral, Ricart niega que se le presentara ninguna de las pruebas, salvo la grabación en el contestador automático.
-El tinte color rubio, el videojuego, la cazadora vaquera, el guante azul, 3 cinturones: Miguel dice que todo era de Antonio (que ahora lleva el pelo rubio) salvo un cinturón.
Frasco de laca, spray moldeador, prismáticos: Miguel dice que no sabe
-Lugar en el que se encuentra la Star 9 corto: Miguel dice que está en un corral de ganado a 3 km de Alborache, que pasando la caseta hay un camino que gira a izquierda, pasando la algarrobera llega a una explanada y en una montañita entre las hierbas esconde dentro de un guante la pistola. Miguel dibuja un croquis:
-El Seat Ronda: Miguel dice que está en el taller Juanes, Albal, Camí Real, que lo dejó él ahí el lunes 25 de enero de 1993.
Grabación en el contestador automático: “KELLY soy Rubén que cuando vaya el Rubio le lleve los sacos de dormir y se los lleve a donde tienen el plato y la maneta.”: Según este documento de la Guardia Civil, Miguel reconoce que es la voz de Antonio, y que el plato y la maneta es una contraseña que quiere decir que se lo lleve a la caseta de Alborache. En el juicio oral Miguel afirma que jamás dijo eso, y que no era una contraseña.

En cuanto a las pruebas de convicción, según el testimonio de Miguel Ricart durante el juicio oral (Sesión 16 de mayo de 1996):

“Que en relación a esas declaraciones no me ilustraron objetos […] no se exhibieron objetos en el cuartel […]” “[…]Que de todo esto no se me enseñó absolutamente nada… me decían ‘firme aquí’, y firmaba… ‘firme usted’, ‘firme usted’… como he firmado tanto sin leer, sin leer. ‘Firme usted. Firme aquí’…

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