La entrevista de Interviú

Aunque no es algo habitual en nuestra forma de trabajar, pues solo utilizamos como fuentes los documentos oficiales (sumario, rollos de sala y vista oral del juicio), en este caso analizaremos la entrevista que se realizó a la persona que supuestamente golpeó a Miguel Nicolás Cortona en su chalet de Lliria.

El motivo es que las cuatro páginas de la citada entrevista aparecen en el sumario. Como podemos ver en el folio 3991.

FOLIO 3991
DIRECCIÓN GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL -311ª COMANDANCIA -UNIDAD ORGÁNICA POLICÍA JUDICIAL 311210100.
Nº Ref. PPP/csp Nº 1390

ASUNTO: REMITIENDO COMPARECENCIA AMPLIATORIA AL SUMARIO 1/93 A

Adjunto remito a VI. comparecencia tomada a MIGUEL NICOLÁS CORTONA sobre su supuesta relación con ANTONIO ANGLÉS MARTÍNS y MIGUEL RICART TÁRREGA supuestos autores de los asesinatos y violaciones MIRIAM DÍAZ DESIRÉE HERNÁNDEZ y ANTONIA GÓMEZ

Esta comparecencia está motivada por el artículo aparecido en la revista INTERVIÚ en su número 1058, semana del 5 al 8 de agosto de 1996, páginas 18 a la 21 inclusive de la que se adjunta fotocopia. (folios 3995-3998)

Valencia 07 de Agosto de 1996.
El Brigada de Policía Judicial

Fdo. Pablo Pizarro Plaza

ILMO. SEÑOR JUEZ DEL JUZGADO DE INSTRUCCIÓN Nº SEIS DE ALCIRA.


El Señor A y el artículo de Interviú, resumen

El 7 de agosto de 1996, Miguel Nicolás Cortona se presentó rápidamente y de forma voluntaria para declarar en las dependencias de la 311 comandancia de la Guardia Civil con motivo de la publicación en la revista Interviú de un artículo sobre él (ff. 3.991-3.994).

El artículo de Interviú va firmado por Luis Miguel Montero y Andrés Sánchez, y trata sobre el conocido ataque del encapuchado a Cortona. Se entrevista al autor de la paliza, al que el periodista,  llama “Señor A”. Todo lo que escribiremos a continuación es esta versión publicada por Interviú.

Según el Señor A, Cortona, alias “El Marley” (apodo por el que Miguel Nicolás Cortona era conocido en el submundo de la delincuencia), era un camello habitual de hachís y un chivato de la Guardia Civil. Había organizado una red de prostitución en su caseta, en la cual había caído la hija menor de dicho empresario, a quien “El Marley” mantuvo secuestrada y drogada.

Según su versión, en esta caseta o chalet, se prostituían mayores y menores de edad, voluntariamente o por la fuerza, además de venderse cocaína. Concretamente, el tiempo que el Señor A vigiló a Cortona, había dos menores en la caseta: la hija del empresario valenciano y otra chica de 17 años. Si accedían a prostituirse, les daban cocaína; en caso contrario, les daba una paliza.

A este chalet iban algunos guardias civiles del puesto de Llíria.

Por fortuna, la hija del empresario pudo escapar y volver a casa. Después de eso, Cortona se vio obligado a dejar el negocio de la prostitución temporalmente. Cuando el padre de la menor secuestrada oyó lo que le contó su hija, contrató al Señor A para obtener venganza.

El Señor A investigó también el interior de la caseta varias veces antes de entrar, para saber qué se iba a encontrar y cómo iba a actuar: “encontré cajas con ropa de mujer de diferentes estilos y tallas”; encontró también una pistola, que se quedó, pero luego se dio cuenta de que era de aire comprimido.

El Señor A encontró una noche favorable para entrar en el chalet de Cortona sobre el 7 o el 8 de enero de 1993, a las 4 de la madrugada.

El Señor A afirma que Miguel Nicolás Cortona estaba totalmente solo, que miente cuando dijo que Miguel Ricart estaba ahí.

El Señor A se introdujo en la casa, hasta la habitación de Cortona, e hizo ruido para que se despertara. La caseta no tenía luz, así que Cortona encendió un mechero. El Señor A lo amenazó con una réplica Derringer 38, y empezó a pegarle con un trozo de viga de hierro. Cortona “El Marley” le preguntó por qué le pegaba. El Señor A contestó que por lo de la niña. Entonces el “El Marley” dijo temblando: “Yo a las niñas no les hice nada. Yo no he sido”. En aquellos días en Valencia todos se referían a Miriam, Toñi y Desirée como “las niñas”. El Señor A sacó a Cortona de la casa y siguió golpeándolo. Volvió a meterlo dentro, pero las luces de los chalets cercanos comenzaron a encenderse y, al verlo, el Señor A le dijo “Métete dentro del armario que esta noche se te ha aparecido la virgen”.

El periodista pregunta sobre los hechos a Miguel Nicolás Cortona, alias “El Marley”: Cortona reconoce que le pegaron una paliza en enero de 1993, y que cree que fue Anglés, pero que iba encapuchado. Ricart estaba durmiendo con Cortona, en la misma habitación y la misma cama, Ricart a los pies y él a la cabecera. Unos días después Cortona se dio cuenta de que el encapuchado era Antonio Anglés porque llevaba la misma cazadora, que reconoció por unas iniciales que esta llevaba. Confirma que en la casa tenía unas cajas de cartón con ropa de mujer, pero da vagas excusas, como que serían de Ricart o Anglés, o de alguna de las chicas a las que invitaba a ir a su casa, también dice que podían ser de su mujer o de una amiga.

Declaración de Miguel Nicolás Cortona en relación al artículo de Interviú y sus declaraciones

Como decíamos, el 7 de agosto de 1996 Cortona comparece para declarar en la 311 comandancia de la Guardia Civil (ff. 3.992-3.994).

Cortona manifiesta que el periodista Andrés Sánchez (uno de los autores del artículo) se presentó para hacerle unas preguntas, que hablaron de la época en que Miguel Ricart vivió en su caseta, que un encapuchado le dio una paliza, que en la caseta había tenido ropa de mujer y que ahora le habían pedido muestras de sangre. Cortona confiesa que es conocido como “El Marley”. Las únicas mujeres que han estado en su casa fueron una prostituta del barrio chino, de unos treinta años, y una tal Antonia, con quien tuvo una relación durante tres años. La prostituta estuvo alrededor de finales de 1992 o principios de 1993. La ropa de mujer: un vecino le dio unas bolsas de ropa por si le interesaba algo, y quizás ahí había ropa de mujer, o quizás fuera de la mencionada Antonia, porque tenía cajas con ropa suya. Cortona dice que no colaboraba con la Guardia Civil de Llíria, y que los guardias de ese puesto no eran jóvenes. Dice que él no es traficante de hachís, solo consumidor, aunque fue detenido por tráfico. Confiesa que tenía una pistola de aire comprimido, pero que eso no se lo contó al periodista. No le dijo nada al encapuchado de las niñas, y por esa fecha ni siquiera sabía que habían desaparecido. La charla con el periodista duró media hora. El periodista no le hizo ninguna pregunta sobre una red de prostitución.

Valoración

Resulta difícil de conocer el grado de veracidad de todos los datos del reportaje, ya que, inexplicablemente, la Guardia Civil no hizo investigaciones al respecto, o si las hizo no constan en el sumario.

Pero algunos de los datos sí han sido contrastados, y nos hace pensar que, como mínimo, una parte del artículo contiene información veraz:

-Por primera vez Cortona confiesa que se le conoce como “El Marley”, mientras que en declaraciones anteriores decía no tener ningún alias.
-Tal como decía el Señor A, se confirma que había cajas de ropa de mujer en casa de Cortona.

Y eso lleva a preguntarse si el resto de información es también cierta o no:

-Según la entrevista, Miguel Ricart dormía en la misma habitación y cama que Cortona. En la declaración del 1 de febrero de 1993 Ricart estaba en otra habitación. En la del 30 de abril Miguel Ricart dormía en la misma habitación que Cortona, aunque en otra cama.
-El Señor A afirma que en casa de Cortona no había absolutamente nadie más, que no estaba Miguel Ricart.
-Según Interviú Cortona había montado un negocio de drogas y prostitución con mayores y menores de edad.
Su negocio de drogas y prostitución estaba frecuentado por guardias civiles, según Interviú.
-Cortona no es capaz de explicar claramente a quién pertenecían las cajas con ropa de mujer que había en su casa.
Cortona era uno de los informantes habituales de la Guardia Civil, según publica abiertamente Interviú.
-La Guardia Civil no investigó más a Cortona, o si lo hizo no figura en el sumario del caso.

Miguel Nicolas Cortona-interviu2

Miguel Nicolas Cortona-interviu2

Transcripción de la entrevista de Interviu, semana del 5 al 11 de agosto de 1996. Nº 1058

“El Marley” tiene la clave

Un nuevo testigo, que figurará como “Señor A” en el sumario sobre las niñas de Alcàsser, puede contribuir a avanzar en la investigación de una tragedia que conmovió a toda España. Según la versión que ofrecerá este testigo secreto a la juez de Alcira que lleva el caso, Miguel Nicolás García, alias “El Marley”, que conoció a Anglés y Ricart en 1992, le dijo al “señor A”: “Yo a las niñas no les hice nada”, antes de que se descubrieran los cadáveres de las menores desaparecidas y, por lo tanto, antes de que se conociese su dramático final. Interviú ha conversado con este testigo y también localizó y habló con “El Marley” para conocer de primera mano los testimonios de ambos.


La aparición de un nuevo testigo en el sumario del caso Alcásser puede contribuir a desvelar aspectos importantes del asesinato de las tres menores. Esta persona, que figurará ante la juez de Alcira que instruye el sumario como “señor A”, maneja la hipótesis de que el cabello blanco encontrado en el cinturón de una de las niñas asesinada, que es analizado en estos momentos en el Instituto Nacional de Toxicología, puede pertenecer a Miguel Nicolás García, alias “El Marley”. Los hechos relatados por el “señor A” son anteriores al descubrimiento de los cadáveres de las niñas de Alcásser y la huida de Antonio Anglés.

El “señor A” conoció a Miguel Nicolás de una manera atípica, ya que el testigo fue contratado por un hombre cuya bija menor había caído en una red de prostitución que supuestamente estaba organizada por “El Marley”. El “señor A” estuvo investigando durante un tiempo las actividades de Miguel Nicolás hasta que le llegó la orden de “darle a éste una paliza por haber tenido secuestrada y drogada a la hija del «contratante» ” en un chalet que es, precisamente, el nexo de unión entre Antonio Anglés, Miguel Ricart y “El Marley”, ya que fue el escenario en el que se movieron tanto la familia Anglés como Miguel Ricart. El actualmente fugado y su compinche —el único detenido hasta el momento por este crimen— pasaban largas temporadas en el chalet de “El Marley” cuando desaparecieron las niñas de Alcásser.

El “señor A” ha pedido a la juez de Alcira que instruye el sumario declarar en régimen de protección de testigos y que se preserve su anonimato, peticiones que están siendo estudiadas por la magistrada. Los hechos que serán relatados a la juez, y que anticipa ahora interviú, ocurrieron en los primeros días de 1993, cuando los cadáveres de Miriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández no habían sido todavía descubiertos.

“La paliza se la di sobre el siete o el ocho de enero de 1993 —confiesa el “señor A”—. Fue por lo que hizo con una menor que tuvo en su casa. Cuando me preguntó por qué le pegaba, le respondí que por lo de la niña, refiriéndome a la hija del que me hizo el encargo. Pero en aquellos momentos «El Marley» me dijo entre gritos: «Yo a las niñas no les hice nada, yo no he sido». Pasadas dos o tres semanas aparecieron los cadáveres de las tres niñas de Alcásser”.

Un amigo del “señor A” fue el que encargó el ajuste de cuentas después de que “su hija, finalmente, hubiera conseguido escaparse del chalet donde se encontraba secuestrada. Allí se prostituían tanto menores como mayores, voluntariamente o por la fuerza”. Las “voluntarias”, según esta misma versión, estaban en la carretera, mientras que en la casa había dos menores: esta muchacha y otra de diecisiete años, enganchadas a la droga ambas. “Pues… si «metes», coca. Y si no «metes», paliza. Esta chica no es que fuera yonky. Tomaba coca o hachís, cosas de gente joven con falta de experiencia”.

Ropa de mujer en cajas

La desaparición de algunas muchachas de forma inexplicable, los casos de prostitución de menores o de vídeos pornográficos con niños, que se han dado en los últimos tiempos en la comunidad valenciana, alimentan cada vez más la hipótesis de que el caso Alcásser podría ser otra pieza de una cadena delictiva protagonizada por una mafia aún por descubrir, un grupo organizado que tendría conexiones con “peces gordos”, teoría ésta por la que cada vez más apuestan los padres de las niñas de Alcásser.

El propietario del chalet donde supuestamente se prostituían las mujeres era Miguel, “El Marley”, un cincuentón “muy acabado, canoso, falto de dientes y actitud «taleguera» total. Averigüé que este tío era un chivato de la Guardia Civil de Lliria, además de camello habitual. Se dedicaba al tráfico de hachís, y «paraba» con muchas niñas”, dice el testigo. La chica le habría dicho a su padre, siempre según la misma versión, que “al chalet iban algunos guardias civiles del puesto de Lliria, los más jóvenes, a pillar coca y chocolate y a «meter». Chicos entre 21 y 30 años, muy desmadrados”. Según la investigaciones del “señor A”, fue en el momento que se escapó esta chica cuando “El Marley” “dejó de tener tías allí”.

El “señor A” recibió el encargo de vigilar a Miguel Nicolás a finales de 1992. Un día le compró “chocolate”. Otro, mientras un “colega” lo estaba controlando en el pueblo. él se dedicó a vigilar su casa. “«El Marley» vivía en la carretera de Lliria a Pedralba, a unos cinco kilómetros a la izquierda. Una construcción de unos treinta años, hecha polvo, sin verja, las ventanas rotas, la puerta atada con un alambre. Tenía un perro, o más bien un chucho. Le llevé dos veces comida y se hizo amigo mío”. El “señor A” entró en la casa dos veces por una ventana. “Lo registré todo y encontré cajas con ropa de mujer de diferentes estilos y tallas. Todas las habitaciones, excepto la que estaba habitada, tenían mucha miseria. Me mosqueé porque encontré un «fusco» (pistola). Me la guardé y luego me di cuenta de que era de esas de aire comprimido. Pensé: la primera noche que esté solo, entro y le «meto la del pulpo» (le pego una paliza)”.

Fue una noche, en torno a las cuatro de la madrugada. Le habían dicho que “el pajarito estaba solo”. Llegó en una furgoneta y aparcó a unos cien metros. “Me puse los guantes, la capucha, me subí la cremallera del jersey…”. Era una noche clara, y el “señor A” no necesitó linterna. “El Marley” sólo había puesto un tope detrás de la puerta. “Yo tenía tomada la referencia de un saco de boxeo que había colgado en el salón. Al llegar a su habitación hice ruido para que se despertara”. “El Marley” encendió un mechero, porque no había luz, y en aquel momento “yo le di en la cabeza y le dije: Quieto, Miguel; enciende la vela, ¡val…”. Empezó a gritar pero le ordenó que se callara y que se vistiera rápido. Nicolás intentó ponerse los pantalones. “Yo llevaba una réplica de la Derringer del 38 Y un trozo de viga de hierro. Entonces le golpeé en los brazos y él me preguntó por qué le pegaba. Le dije que por lo de la niña. Entonces el tío se quedó «pillado», en blanco por unos instantes”. Miguel “El Marley” tardó un tiempo en salir del espanto hasta que dijo temblando: “Yo a las niñas no les hice nada. Yo no he sido”. En aquellos días se estaba buscando desesperadamente en Valencia a Miriam, Toñi y Desirée, a las que todos se referían como “las niñas”.

Miguel Nicolas Cortona-chalet

El “señor A”, con la “subida de adrenalina” por la violenta situación, no llegó a interpretar aquellas palabras entrecortadas en medio de los gritos. “Lo saqué de la casa y al llegar al árbol me intentó echar tierra a la cara y le di otro golpe en la cabeza y con la punta de la viga le golpeé a tres dedos del ombligo en su parte izquierda y comenzó a sangrar“. Lo introdujo de nuevo en la casa y “el tío ya iba cagao y dando gritos”. Las luces de los chalets cercanos comenzaron a encenderse. “Métete dentro del armario que esta noche se te ha aparecido la virgen”. Luego, el “señor A” se fue y se enteró de que al día siguiente estuvo allí la Guardia Civil. Cuando el “señor A” supo que un cabello blanco había sido encontrado en la ropa de una de las tres niñas violadas y asesinadas, y que éste había provocado la reapertura, por tercera vez, del sumario en el Juzgado de Instrucción número 6 de Alcira, Valencia, comenzó a “atar cabos, recordé lo de «las niñas» y lo que dijo «El Marley» en aquel momento”. En la actualidad se están realizando pruebas comparativas con unas muestras de cabello de Miguel Nicolás García.

Tres años y medio después del drama de Alcásser, que conmovió a toda España, “El Marley”, detenido cuarenta y ocho horas después de que se fugara Antonio Anglés y posteriomente puesto en libertad, se encuentra trabajando como vigilante de un aparcamiento de playa en Pinedo, al sur de Valencia. “A mí me tomaron cabellos el otro día –declaraba Miguel Nicolás a interviú–. Ahora comprendo que por el mero hecho de que ellos (Anglés y Ricart) hayan estado en mi casa por esas fechas, yo me vea complicado. Lo que quieren es averiguar; que si sé algo, lo diga. Pero yo no puedo decir nada porque ignoro la historia de ellos”. En otro momento de la entrevista apunta a la malicia de sus antiguos amigos: “Son tan listos que no me extrañaría que me hubieran cogido unos pelos para ponerlos en los cadáveres. No me sorprendería”.

Miguel Nicolás tiene dos grandes cicatrices: “Ésta es de una operación de úlcera, y la otra del apéndice”.

—¿A usted le pegaron una paliza en enero de 1993?

—Sí. Supongo que sería Anglés, pero vino encapuchado.

—En ese caso, podría ser también Ricart… ¿no?

—Ricart, no. ¡Si a Ricart lo tenía yo viviendo en mi casa, en mi habitación! Dormíamos en la misma cama. Él a los pies y yo a la cabecera. Aunque mi casa era grande, el único lugar que reunía condiciones para dormir era la habitación que yo usaba. Y claro, cuando vi que el otro me pegaba y Ricart no se movió para nada…

—¿Ricart estaba con usted en la cama y no se movió mientras el encapuchado le pegaba?

—Así fue, no se movió para nada. Se ve que tenían hablado que una noche viniera Anglés para darme miedo, que me fuera, y quedarse ellos con la casa. Me enfadé con Ricart mucho, y se lo dije: mira, lo siento mucho, pero aquí, en mi casa, no puedes estar.

Sin embargo, el “señor A” mantiene que Miguel Nicolás, “El Marley”, estaba solo. “Ricart no estaba allí, eso es mentira porque hubiera «pillado cacho» también. A mí no se me queda un tío escondido en una habitación, así «por la cara». Si hubiera habido dos, hubiese intentado algo más duro para controlarles… No había nadie más. O a lo mejor salió por pies al oír los gritos que daba «El Marley»”.

Miguel Nicolás está convencido de que la paliza se la dio Antonio Anglés: “Yo a Anglés no lo conocía de nada, de nada, de nada, de nada, de nada… En mi vida lo había visto. Y cuando vino encapuchado, menos aún, no sabía quién era. Luego, con el tiempo, he sacado conclusiones de que puede que fuera él. Si en un juicio tuviera que decir que fue él, pues… yo su cara no la he visto. Digo que es él porque cuando vinieron al día siguiente por la tarde los tres (Ricart y dos de los hermanos Anglés) traía la misma ropa. Llevaba una cazadora con unas iniciales… Dije «hostias, este es el tío que me vino anoche». ¡Claro, yo no se lo iba a decir allí porque eran tres!”. La argumentación de Miguel Nicolás sobre el suceso se basa en una posterior operación de compra de su chalet: “Se ve que mi casa la querían de guarida para ellos. Y para que pillara miedo fueron a por mí descaradamente. ¡Me pegaron la paliza y tuve que marcharme de allí!”.

Respecto a las cajas con ropa de mujer, Miguel Nicolás reconoce que estaban allí, pero “no sé si eran las que él (Ricart) traía, o las que tenía yo allí. No lo sé. Lo que digo es la verdad, en casa yo tenía unas cajas de cartón con ropa. Si eso dice algo, yo no lo niego”. Durante estos tres años, Miguel Nicolás dice que “ni cuenta me di del tema de las cajas de ropa. Mi casa era grande y rara era la vez que pasaba de la mitad para allá. Si no estaba en la habitación donde yo dormía, esa ropa no sería mía, sería de ellos. Además, de vez en cuando, pues me iba, y si veía una chica que me gustaba y quería venirse conmigo, ove, tengo una casa en el campo y me la llevo Ahora, de lo que _yo 170 soy capaz es de hacer lo que ha hecho esa gente. Allí, en el chalet, tenía la ropa de mi mujer bueno, no de mi mujer; sino de una amiga, la tenía en cajas de cartón. Pudiera ser que fueran mías o de él, no sé…”.

La familia Anglés y Ricart

El argumento de la paliza iniciaron un proceso, según Miguel Nicolás, por el que tuvo que irse de su propia casa, “porque con esa gente me veía como invadido. Me tuve que marchar y dejarlos allí. En el tiempo que estuvieron ellos en mi casa, a saber lo que harían”.

—¿Le propusieron comprar la casa?

—Sí. Pero les dije que era imposible, que el vecino la quería y estaba antes que ellos. Pero me metieron a la madre por delante y eso ya me apaciguó un poco. —¿La madre fue también acompañando a los hermanos Anglés?

—No, la madre no fue. Fueron ellos a por la madre para que viniera a ver el chalet. La madre estuvo dos domingos. Yo también estuve en Catarroja, en casa de ellos, ocho días, porque estábamos arreglando lo de si me compraban el chalet o no me lo compraban. La madre pidió un préstamo al banco.

—¿El de los dos millones?

—Sí, eso la Policía ya lo sabe. Si esto es así, es evidente que las relaciones de “El Marley” con los supuestos autores de la muerte de las niñas de Alcásser data de antes de la fecha en que Ricart coincide con él en la cárcel. “Por lo visto, lo que querían era comprarme el chalet, y luego quitarme el dinero” –asegura Miguel Nicolás–.

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comentarios
  1. […] La entrevista de Interviú […]

  2. Iván dice:

    Vaya pedazo de montaje lo del testigo “Señor A” y vaya historia la que cuenta el yonki… No me creó nada. Este testigo es pactado al igual que los demás.

  3. Eric dice:

    Con todo respeto, la revista INTERVIÚ ha demostrado a lo largo de los años ser una verdadera intoxicadora de información. Recordemos el artículo sobre EL CLAN DE LA MORALEJA, LOS HUESOS DE ANGLÉS, etc … El hecho de que Marlanga sea un habitual de esa revista lo dice todo.

    Lo que me parece especialmente relevante y desgraciadamente no hay apenas información es EL AMBIENTE de la Valencia de finales de los ’80. Se ha hablado mucho de la ruta, pero apenas nada de las desapariciones de adolescentes, las redes de prostitución de menores, las menores que que se captaban con drogas … Vamos la primera tésis de Fernando García.

    Por no hablar de las leyendas urbanas sobre “fiestas” de menores en chalets propiedad de “ilustres personajes”.

    Estaría especialmente agradecido si publicaseis algo referente a este tema, o me indicaseis dónde podría dirigirme. Cómo curiosidad decir, que llegué a entrevistar a el autor de UN NEGRO CON UN SAXO, novela ambientada en la prostitucón de menores en Valéncia. Pero el autor no veía relación alguna con Alcasser.

    Un saludo.

  4. Rebeca dice:

    Y segun la entrevista de interviu, iban guardias civiles a buscar chicas que se prostituian,a una caseta sin luz nisiquiera?

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